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U. de Lima: la universidad que rentabiliza sus excedentes comprando bonos

La Universidad de Lima, a diferencia de su competencia directa, mantiene márgenes holgados. Sus inversiones tienen un menor perfil de riesgo.

“¿No duermes más tranquilo así?”, se pregunta José Antonio Lizárraga, director de administración y finanzas de la Universidad de Lima. Se refiere a que, además de reportar niveles de deuda ínfimos, la Universidad de Lima ‘duerme’ sabiendo que tiene un fondo de S/.393 millones —fruto de excedentes acumulados— invertido en renta fija, que le genera una rentabilidad anual promedio de 4.5% en dólares y 6.5% en soles. Su ratio de liquidez, además, es más alto que el de sus competidoras directas. Pero cuando el manejo financiero de una universidad otorga ese espacio de maniobra, cabe hacerse otro tipo de pregunta: ¿cuál es el costo de oportunidad de no tener parte de ese dinero invertido, por ejemplo, en investigación?

SEMANAeconómica revisó los estados financieros de la casa de estudios y los analiza en exclusiva.

SIN APUROS

Con una facturación de S/.260 millones, la Universidad de Lima tuvo en el 2015 un margen operativo de 15.8%, luego de haber tenido uno de 21% el año anterior. Esta cifra es superior a la reportada por competidoras como la PUCP (9%) o la UPC (14.3%). Cabe aclarar: un quinto de la facturación de la PUCP —que supera los S/.700 millones— corresponde a rentas inmobiliarias, lo que significa una carga fuerte en cuanto a depreciación. En cambio, la Universidad de Lima basa su modelo de negocios casi exclusivamente en los cobros por derechos de enseñanza, como la mayoría de las demás universidades privadas.

Esta diferencia en los márgenes se vuelve significativa al mirar la última línea del estado de resultados: tras sumar los ingresos financieros y un efecto cambiario positivo, la universidad reporta un margen neto de 26.5% para el 2015, luego de haber registrado uno de 31.5% el año previo. Esta cifra está por encima del 17.6% que tuvo la Universidad del Pacífico (UP) en el 2014 y bastante lejos del 4% de la UPC en el 2015. De hecho, aunque la facturación de la UPC supera los S/.750 millones, en términos absolutos su utilidad neta del año pasado fue la mitad que la de la Universidad de Lima

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La explicación a esta marcada diferencia está en la política de endeudamiento de ambas universidades, la que a su vez está directamente relacionada con sus opuestas estrategias de negocio. Mientras que la UPC ha venido desarrollando una estrategia expansiva —inaugurando tres campus en cuatro años—, lo que ha hecho crecer sus gastos financieros de manera significativa, la Universidad de Lima ha mantenido su población de alumnos casi uniforme y no tiene intención de aumentarla en el corto plazo. Tampoco planea abrir una nueva sede más allá de las dos que tiene en La Molina (la principal, frente al Óvalo Monitor, y la segunda, que sólo alberga a la Pre y campos deportivos, en Mayorazgo).

“No queremos abrir un campus en ninguna otra zona de Lima porque mantener la calidad de los profesores y de la educación en general no es fácil en varias sedes”, dice Lizárraga. “En alumnos, en los últimos años hemos crecido apenas 1% y este año tenemos alrededor de 17,000. La idea es llegar a entre 22,000 y 25,000, como máximo, en 15 años. Para nosotros la universidad no está en un negocio: no abrimos carreras [para sumar alumnos] porque sí”, agrega.

INVERSIÓN, PERO NO DEUDA

La Universidad de Lima tiene la misma política de inversiones que la Universidad del Pacífico tuvo hasta el 2010 y que hasta el momento mantiene la PUCP: no endeudarse para crecer. Así, en el 2015 la universidad echó mano de sus excedentes para la primera etapa de la construcción de dos torres de aulas y oficinas, que sumarán 35,000 m2 nuevos de área construida (y demandarán una inversión total de S/.80 millones); para la remodelación de su centro cultural, por S/.2 millones; para la ampliación de su complejo deportivo en Mayorazgo, por S/.6 millones; y para la compra de 30,000 m2 de terreno a las residencias colindantes con su sede principal.

“Con esto sumaríamos más de 100,000 m2 de campus y ya llegamos también a nuestro límite de crecimiento hacia las casas colindantes. En los nuevos terrenos aún no podemos construir nada, porque hay que cambiar la zonificación y eso toma dos a tres años. Pero nuestro plan para dentro de veinte años es poder expandir allí la biblioteca, tener una residencia para alumnos de intercambio y poder tener un local sólo para posgrado, entre otras necesidades. Por ahora, lo consideramos una suerte de back up de espacio”, dice Lizárraga.

Por su política de inversión, estos desembolsos no se han reflejado en la deuda de la universidad, que se mantiene en niveles mínimos. En el 2015, la Universidad de Lima reportó una deuda corriente de S/.30 millones, de los cuales más de la mitad (S/.17 millones) fueron por pensiones cobradas por adelantado, es decir, pasivos no exigibles. “El resto corresponde a deudas que genera la operación de toda empresa: pagos diferidos con Sunat, CTS, etc”, cuenta Lizárraga.

Al no tener deuda con bancos, la universidad no reporta gastos financieros, sino ingresos por S/.7 millones. Su ratio de liquidez (activos corrientes/pasivos corrientes) es de 20.57; muy superior al 1.08 de la UP y el 0.33 de la UPC, y su capital de trabajo (activos corrientes — pasivos corrientes) es positivo por S/.420 millones, frente a uno de S/.4.7 millones de la UP y uno negativo por S/.178 millones de la UPC*. Eso sí, el desembolso de las inversiones de la De Lima se observa en la disminución de su caja, que pasó de S/.128 millones en el 2014 a S/.31 millones el año pasado. “Esto se debió principalmente a la compra de los terrenos”, explica Lizárraga.

[*En el caso de la UPC, el capital de trabajo se mantiene en negativo aún restando las partidas de pensiones cobradas por adelantado y de “otras provisiones”. Cabe agregar que la Universidad de Lima es una institución sin fines de lucro, mientras que la UPC funciona bajo el modelo societario, es decir, sí tiene fines de lucro.]

BONOS QUE SUMAN

En este escenario, la Universidad de Lima tiene un margen de maniobra amplio para disponer de sus excedentes. ¿Su decisión? Invertirlos en renta fija. En su balance general del 2015, la universidad reportó “inversiones financieras a valor razonable” por S/.393 millones, un aumento de 14.7% respecto a los S/.343 millones del año previo. “La gran mayoría está invertido en renta fija porque la universidad prefiere no arriesgar su dinero, pero una pequeña porción también está en fondos de renta balanceada, entre fija [bonos] y variable [acciones] en el extranjero”, explica Lizárraga.

En el país —cuenta el ejecutivo— la Universidad de Lima tiene bonos de los cuatro bancos más importantes: BCP, BBVA Continental, Scotiabank e Interbank. Además, desde que empezó a comprar bonos en el 2000, ha tenido los de empresas como Telefónica, Supermercados Peruanos, Cineplex (Cineplanet), Unacem (cuando era Cementos Lima), entre otras. En el extranjero, la universidad actualmente tiene inversiones en fondos estructurados por firmas de inversión como Pacific Investment Management Company (Pimco) o Templeton Investments. “También tenemos en una cartera de JP Morgan, que es una mezcla de renta fija y variable”, explica Lizárraga.

“La mitad de nuestras inversiones está en dólares”, agrega. Para una universidad que factura en soles, un descalce cambiario de este tipo significa un riesgo ante la volatilidad de la divisa extranjera. “Como se trata de inversiones a largo plazo [en promedio, toda su cartera está colocada a 4 años], el dólar es una moneda más fuerte que el sol”, argumenta Lizárraga.

También afirma que las inversiones de la universidad entregan una rentabilidad promedio de 4.5% en dólares y 6.5% en soles. En comparación, el bono soberano peruano rinde 2.5% en dólares y 5.2% en soles. El retorno también es superior al del promedio de la comisión de los bancos (2% en dólares; 5% en soles) y al de los fondos mutuos (2.5% en dólares; 5.5% en soles). Si bien las cajas municipales tienen un retorno promedio de de 3.5% en dólares y 7% en soles, Lizárraga dice que “no tienen la capacidad para recibir una cantidad de dinero como la que invierte la universidad”.

¿PERO…?

“Nuestra política de inversiones no es inquebrantable, pero por ahora no tenemos la necesidad de cambiarla”, dice Lizárraga. “Una universidad tiene que tener una reserva para vivir varios años hacia adelante; no puede tener riesgo de quebrar o colapsar”, afirma el vicerrector Jaime León. “Harvard tiene miles de millones de dólares de reserva, acumulados de años”, complementa Lizárraga. Aún cuando la reserva de la Universidad de Lima está generando una rentabilidad anual mayor a la que entregan otros instrumentos de inversión, cabe preguntarse cuál es su costo de oportunidad.

La pensión mensual de la Universidad de Lima fluctúa entre los S/.1,400 y los S/.1,800 —de acuerdo al colegio de procedencia—, el cuarto rango más alto entre las universidades privadas del país, según el Grupo Educación al Futuro. Teniendo un fondo acumulado grande, que genera retornos propios, ¿por qué no marginar menos y así bajar las pensiones? Lizárraga responde que el 70% del alumnado paga la pensión más barata (S/.1,400) y sólo el 5% la más cara (S/.2,800), y que toda universidad necesita generar excedentes para operar. “Los ajustes a las pensiones se dan únicamente para compensar la inflación”, asegura. En este escenario, congelar las pensiones echando mano del fondo resultaría artificial e insostenible en el largo plazo.

Sin embargo, sí existe un campo en el que la Universidad de Lima viene retrasada respecto a su competencia y que, para desarrollarse, demanda una fuerte inversión: la investigación académica. La Universidad de Lima es la vigésimo segunda universidad del país el producción de investigación, según el Scimago Institutions Ranking (SIR) 2015. Tiene sólo 21 investigaciones indexadas a la base de datos Scopus. Está por detrás de otras privadas sin fines de lucro, como la Cayetano Heredia (1,228), la PUCP (644) y la Universidad del Pacífico (40), y también de privadas con fines de lucro, como la UPC (112) y la Científica del Sur (23).

“Otras universidades tienen carreras que se prestan mucho más para la investigación, como medicina, biología o química”, ensaya Lizárraga. Sin embargo, se puede realizar investigación académica en todas las disciplinas universitarias y, además, la Universidad de Lima aparece por detrás de universidades que no se especializan —y en algunos casos, no tienen— en carreras de medicina. “Hay que reconocer que nos llevan algunos años de ventaja en investigación. La universidad [de Lima] en sus inicios se dedicó a formar alumnos más en gestión, pero ya venimos unos quince años dándole duro al tema de la investigación”, afirma.

Al revisar los estados financieros de la PUCP, SEMANAeconómica encontró que la subvención a las actividades de investigación y de difusión de la cultura constituían una de las tres mochilas con las que cargaba su presupuesto (por lo que tiene que completarlo con rentas inmobiliarias). Lizárraga indica que, al año, la Universidad de Lima invierte entre S/.8 millones y S/.10 millones en investigación, como parte de su apuesta por impulsar esta actividad. La cifra es superior a los S/.5 millones que invierte la Universidad del Pacífico, pero iguala apenas lo que la PUCP gasta al año en subvenciones a su centro cultural, su orquesta sinfónica y su banda de jazz, sin contar la partida de investigación. La facturación de la PUCP, eso sí, es 165% mayor.

Con márgenes más amplios que los de su competencia directa, la Universidad de Lima tiene espacio para rentabilizar sus excedentes acumulados mediante bonos corporativos. Aunque genera una rentabilidad mayor que otras opciones de inversión, el costo de oportunidad de este dinero estaría en la baja investigación académica que reporta la universidad hasta el momento.

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